Las secuelas del desastre ante el Alcorcón ya han pasado a mejor vida, en espera de una nueva humillación. Un bendito Getafe sirvió el bálsamo en bandeja y la prensa personificó en Higuain al salvador de la patria merengue. Circunstancia que aprovechó un habilidoso Florentino para ratificar a Pellegrini en el cargo y mandar callar a la prensa que buscaba con ahínco culpable y sustituto.
De lo dicho antes nada. Lo escrito, se borra. Y de aquellas lides, sólo colea el asunto Guti, a quien todo el mundo apuntó para pagar la factura de la ofensa. Raúl, eso sí, en el banquillo; Kaká jugando en su sitio, y el resto a faenar sin cortar rabos ni orejas. Empate en San Siro y a esperar sin premuras el derbi del domingo.
Un derbi que podría hundir aún más en la miseria al Atlético, tras asomar un poquito la cabeza en San Mames y dar muestras, ante el Chelsea en el Calderón, de que si sabe jugar al fútbol.
¡Eh! ¡Qué estamos aquí! ¡Lo que nos pasa, no nos lo merecemos! ¡Nos ha mirado un tuerto!, se les escucha decir bajito, deseando, de una vez por todas, poder levantar la voz y convertirse en uno de los barítonos de la Liga.
Pero mientras lo logra, su botín se antoja bien escaso a estas alturas de la temporada: siete de 27 puntos en la Liga y nada de nada en la Liga de Campeones. Su viagra particular, Quique Sánchez Flores, confía ciegamente en levantar la cabeza y acabar entre los siete primeros antes del parón navideño. Bueno, los sueños a veces se cumplen.


Los partidos hay que jugarlos. El Madrid de antemano lo veía ganado. Se menospreció al Milán, contagiado por una prensa presuntuosa que se dedicó durante una semana a dar por finiquitado al equipo italiano. Les llamaron decadentes. Ya les ocurrió con Zidane en el pasado Mundial cuando Francia acabó con los sueños del equipo de Luis Aragonés en semifinales. Le tildaron de viejo y acabado. El bailarín del fútbol les puso en su sitio. Como no se aprende volvió a suceder. El Bernabéu se convirtió en vitamina B para a un tal Ronaldinho, y el envejecido Seedorf les dio una lección de fútbol. Resultado. Los viejos se llevaron el premio ante un equipo que no muerde, ni ladra cuando salta al campo. Un equipo que sólo se mueve por chispazos.
16 Copas de Europa sobre el terreno de juego. El Real Madrid y Milán vuelven a verse las caras. Un clásico del fútbol europeo. Ronaldo no jugará. El que si estará para liderar el juego del Madrid el bueno de Kaká que ya ha anunciado que no celebrará los goles que le marque al Milán. En mi barrio ya le apodan El Santo. Manolo dice de él que “juega con la sotana puesta de un obispo”, del que “nunca se espera una patada ni una mala palabra”. El evangelista, le llama El Panadero. “Enviado por el ser supremo para llevar la luz al conjunto blanco”, proclama con la caña en la mano, convencido de que este año pasarán evidentemente de octavos.
Jesús García Pitarch, secretario técnico del Atlético de Madrid, se ha convertido en diana de las críticas de la afición rojiblanca, harta ya de carencias y deseosa de contar con unos laterales como dios manda y un jugador que sepa mover al equipo con criterio. Pero no hay dinero. Esto es lo que hay. Ochenta millones. No más. Así de clarito lo ha dejado y, aunque sea ésta una mera justificación de latente ineficacia, la frasecita en si encierra ciertas verdades.